Un recorrido por las actividades que conmemoraron el Día Mundial del Vitiligo 2026 en la Ciudad de México.

Este año, todas las emociones se reunieron en un solo fin de semana. Un fin de semana planeado e inspirado para conmemorar el Día Mundial del Vitiligo: el día más importante para quienes formamos parte de la comunidad vitiligan.

Algo que siempre me inspira profundamente es ver cómo el vitiligo encuentra representación en distintas expresiones artísticas. Ya no hablamos únicamente de fotografías; también vemos la resiliencia reflejada en cada presentación de danza, en cada canción interpretada con fuerza y sensibilidad. Es el dolor transformado en arte, en belleza y en magia.

Como sede principal de la Fundación Mexicana de Vitiligo, la Ciudad de México se convirtió en anfitriona de grandes eventos que compartieron una misma visión y un mismo propósito. Espacios que nos abren a nuevas narrativas, que nos educan y nos ayudan a comprender la enfermedad desde diferentes perspectivas. Nos conectan más allá del dolor y la incertidumbre, desde el valor, la resiliencia y el deseo de transformar el mundo; o al menos, de transformar el concepto que el mundo tiene sobre la belleza.

El fin de semana estuvo lleno de distintas formas de admirar aquello que nos hace únicos e irrepetibles.

Dimos inicio con la inauguración de la exposición fotográfica de Proyecto Vitiligo en la estación Jamaica del Metro de la Ciudad de México, un espacio por el que transitan miles de personas cada día. La exposición permanecerá durante dos meses gracias a una colaboración con el Área de Cultura del Gobierno de la Ciudad de México.

Su propósito es inspirar a la sociedad a ser más tolerante y empática, mostrando pieles llenas de colores e historias. Como menciona la Dra. Karen Férez: “Demostrando que cuando se desea cambiar al mundo, primero hay que cambiar uno mismo”. Precisamente eso es lo que representa cada fotografía: la fuerza que nuestra condición nos ha enseñado a desarrollar.

Posteriormente, el Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán, uno de los hospitales más importantes de México, nos abrió sus puertas para celebrar el evento más grande e informativo del año. Un día para aprender, acompañarnos y celebrar nuestra piel.

Este es uno de nuestros encuentros favoritos porque nos brinda la oportunidad no solo de conocer a nuevas personas que se integran a la comunidad, sino también de reconocer a la industria y a las organizaciones aliadas que nos acompañan en este camino.

Con el apoyo de 14 marcas y alianzas con VIPOC y GlobalSkin, vivimos una jornada llena de esperanza e ilusión. Hubo conferencias sobre genética, tratamientos y avances médicos, pero también espacios que nos permitieron conectar desde la vulnerabilidad y la experiencia humana. Historias compartidas a través de la danza y reflexiones sobre los desafíos de la autoimagen nos recordaron que nadie transita este camino en soledad.

Una de las grandes sorpresas del día fue presenciar un episodio en vivo de Vititalks. Un testimonio conmovedor que nos recordó la fuerza que existe dentro de cada uno de nosotros y la capacidad de transformar el miedo y el dolor en algo que nos permita conectar con nuestras emociones.

Nuestra embajadora, Yourquin, nos deleitó con una pieza de danza profundamente emotiva que condensó toda su historia en una sola canción. Fue imposible no conmoverse ante la sensibilidad y la fuerza de su interpretación.

Algo que siempre valoro de estos eventos es el esfuerzo por incluir a personas de todas las edades y reconocer que, muchas veces, los más pequeños se convierten en nuestros grandes maestros.

Los niños participaron en una charla dinámica y divertida sobre el vitiligo gracias al apoyo de ISISPHARMA. Además, se creó un espacio para que, a través del juego, pudieran convivir con otros niños y descubrir que el vitiligo también puede abrir puertas a nuevas amistades, experiencias y redes de apoyo.

Y para cerrar con broche de oro, llegó uno de los eventos más esperados y emocionantes del año: la pasarela realizada en colaboración con Pineda Covalin, una reconocida marca mexicana de moda y accesorios de lujo, famosa por fusionar el arte, la cultura y las tradiciones de México con diseños contemporáneos.

Sus creaciones nos recuerdan que la vida puede expresarse a través de múltiples colores y texturas, tal como ocurre con nuestra piel. Por ello, esta colaboración tiene un significado tan especial para nosotros y nos permite presentar una pasarela 100 % vitiligan.

Este año celebramos la cuarta edición de esta pasarela, con nuevas caras, nuevos integrantes de la comunidad y nuevas historias por contar. Sin embargo, lo que la hizo aún más especial fue su realización en el icónico Museo Soumaya de la Ciudad de México.

Vivir esta experiencia en uno de los espacios culturales más emblemáticos del país fue, sin duda, la cereza del pastel. Sabíamos que cada uno de estos proyectos seguiría creciendo, pero jamás imaginamos encontrarnos en un lugar que alberga tanto arte y que, por un momento, nos permitiría formar parte de él.

Porque ese es precisamente el mensaje que queremos transmitir a cada integrante de nuestra comunidad: que cada persona es una obra de arte. Única, irrepetible y llena de colores, historia y magia.

Ver a los modelos mostrarse por primera vez sobre una pasarela y darse la oportunidad de transformar la narrativa de su propia historia es algo verdaderamente hermoso.

Una de las historias que más me conmovió fue la de una participante que este año cumplió 50 años y decidió regalarse algo invaluable: la valentía de mostrarse tal como es. ¿Y qué mejor escenario para hacerlo que una pasarela junto a una marca reconocida internacionalmente?

Fue emocionante verla al final del evento, consciente de que acababa de lograr algo que había esperado durante años. Parecía saber que ese era el primer día de una nueva historia: el día en que decidió resignificar su historia.

El Museo Soumaya también fue escenario de la proyección del documental creado por Gerardo Magallón, Vitiligo: la voz de los colores. El sueño que transformó la mirada.

Una producción que narra esta historia desde una perspectiva más humana y consciente. Un documental que conecta con las experiencias de los pacientes, con la misión de la Fundación Mexicana de Vitiligo y con todo el amor, compromiso y corazón que existe detrás de cada proyecto que impulsa la organización.

Mientras observaba todo lo que sucedía durante ese fin de semana, no podía evitar pensar en lo mucho que hemos crecido como comunidad. Lo que alguna vez comenzó como un espacio para acompañarnos en medio de la incertidumbre, hoy se ha convertido en un movimiento que inspira, educa y transforma vidas.

Cada fotografía expuesta, cada conferencia, cada abrazo, cada historia compartida, cada niño que descubrió que no está solo, cada modelo que se atrevió a subir a una pasarela por primera vez y cada persona que decidió mirarse con más amor frente al espejo, forman parte de algo mucho más grande que una celebración.

Porque el Día Mundial del Vitiligo no se trata únicamente de hablar de una enfermedad. Se trata de hablar de las personas que hay detrás de ella. De quienes han aprendido a transformar el miedo en valentía, la diferencia en identidad y las manchas en una historia que merece ser contada.

Este año regresé a casa con el corazón lleno. Lleno de orgullo por nuestra comunidad, de admiración por cada una de las personas que se atreven a resignificar su historia y de esperanza por todo lo que aún está por venir.

Y si algo me dejó este fin de semana es la certeza de que estamos cambiando la forma en que el mundo ve el vitiligo, pero sobre todo, la forma en que nosotros mismos nos vemos.

Porque cuando aprendemos a abrazar nuestra historia, descubrimos que nuestras manchas nunca fueron algo que esconder. Siempre fueron una forma distinta de brillar.